El de la niña y el oso (I)

Se contaba en Guimorcondo la historia de una niña que vivía con su padre en una casita cerca de un bosque. Su madre les había abandonado para dedicarse al oficio más antiguo del mundo, la pesca de atunes; aunque a ellos les dijo que se iba a hacer la calle por Europa. Vivían los dos en la pequeña casa en la que la niña había nacido catorce años atrás. Siempre llevaba una capucha amarilla, por lo que solían llamarla Chubasquerita.

Un buen día, el padre de Chubasquerita le pidió que le llevara una cesta de comida a su abuela, que vivía en el interior del bosque. La abuela siempre había tenido especial predilección por los cazadores macizorros y decidió vivir allí para ver si algún día pescaba a alguno. Era un camino peligroso, pues el bosque era territorio de bandidos y animales salvajes, pero el padre de Chubasquerita era capaz de cualquier cosa con tal de quedarse la casa para él solo cuando invitaba a su novia, la Fulana del pueblo. Perdón. Quería decir Fulana, la del pueblo.

Así, sin más protección que su capucha amarilla y una cesta de la que su padre le prohibió comer hasta que no llegara a casa de su abuela, Chubasquerita se adentró en el bosque. Un bosque frío y tenebroso en el que podía encontrar cualquier cosa. Y caminó y caminó hasta que llegó a una encrucijada. Chubasquerita tenía menos sentido de la orientación que Sergio Ramos puntería y no recordaba cuál era el camino a casa de su abuelita. Además, el cartel en el que ponía A casa de la abuela no hacía más que despistarla. Así que decidió hacer un alto en el camino y sentarse a comer. Su padre le había prohibido abrir la cesta, así que probó de unas extrañas setas que crecían debajo de un árbol. Después, cerró los ojos y se durmió.

Al abrir los ojos no sabía cuánto tiempo había estado durmiendo, pero se encontró con que un oso la estaba mirando fijamente. Chubasquerita era una niña muy guapa y muy desarrollada para los escasos catorce años que tenía. Para que me entiendan vuesas mercedes digamos que el peral ya había dado frutos.

– Hola – dijo Chubasquerita, asustada.
– Hola, ¿cómo te llamas, pequeña?
– Me llaman Chubasquerita, ¿y tú?
– Soy un oso, Chubasquerita, no tengo nombre. Pero puedes llamarme Pedro. ¿Qué haces tú sola por el bosque?
– Iba a casa de mi abuelita, pero me he perdido. ¿Tú sabes por dónde es?
– Claro que sí – mintió el oso -. Es por allí.

Entonces, señaló un camino oscuro al final del cual había aparcado un carromato y Chubasquerita creyó reconocerlo como el que llevaba a casa de su abuela.

– Acompáñame – dijo Pedro el oso – y te llevaré con tu abuelita.

Y Chubasquerita confió en el oso, que no la llevó a casa de su abuela. ¿Cómo iba un oso a saber dónde vivía la abuela de Chubasquerita?

Moraleja:
Si de setas te has de alimentar, sólo las que conoces deberás probar. Y si después de setas y siesta con los osos puedes hablar, lo primero que harás es de tu sobriedad desconfiar.

Continuará…

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4 Respuestas a “El de la niña y el oso (I)

  1. yo prefiero comerme una seta y ver osos al despertarme, a dormir eternamente…, bueno, espera, ¿Estamos hablando de ositos de gominola? en ese caso, creo que prefiero no despertar xD.

    Un Saludo! y adelante con el blog!!

  2. Pingback: El de la niña y el oso (II) | BlaBla Trol·

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