El de los tres cochinos

Érase que se era -y que se estaba, también-, en uno de esos reinos lejanos que están lejos de cualquier sitio del que se le ocurra a vuesas mercedes preguntar, vivían tres amigos que lo eran desde pequeños y consiguieron que eso no cambiara cuando crecieron. Entonces eran jóvenes y alegres, y gustaban de ir de fiesta en fiesta, mas no solían ser bienvenidos en muchos lares debido, casi con total certeza, a su aversión a las aguas, jabones y demás sales. Su olor dejaba rastro allá por donde pasaban y hasta los girasoles miraban hacia la sombra si con ello el hedor evitaban. No entiendo qué manía les da a todos con que apestamos, decía el más sabio de ellos, si yo me ducho cada mes sin falta. Mas cría fama y échate a dormir, reza el refranero en estos casos, y la fama les supuso a los tres amigos el sobrenombre de los tres cochinos.

Decidieron, pues, que hora era ya de dejar las fiestas y vivir a gusto uno. El más joven e inexperto de ellos sugirió que tomaran un baño cada semana y siguieran con la juerga insana. Tomáronlo por loco y continuaron con el plan. Él mismo acabó riendo a carcajadas por lo absurdo de su propuesta. Acordaron vivir en un campo, apartados de la sociedad que los repudiaba por su suciedad y, una vez elegido el terreno, lo delimitaron para que cada uno tuviera su parcela. Eran amigos, pero la convivencia entre guarros se hace muy difícil. Colocó el primero un saco de dormir en su parcela y reservó mantas para guardarse del frío cuando llegara, y los otros dos se rieron de él. Colocó el segundo una tienda de campaña en la suya, esperando que aguantara viento y marea, y el tercero se rió de él. Colocó el último una caravana en su parcela y se quedó sin parcela. Y los otros dos se rieron de él, pero dejó la caravana ahí. Y pasaron tiempo viviendo así. Hasta que terminó el verano.

El primero en pasar frío fue el cochino valiente que pretendió vivir en un saco de dormir. Entonces llamó a la tienda de campaña del segundo y este lo invitó a pasar. Allí durmieron bien mientras oían al tercero ver Gran Hermano en su caravana. Aguantaron varias noches oyendo soplar el viento fuera y aguantando su olor mutuamente dentro. Pero llegó el invierno y la tienda de campaña empezó a no ser suficiente. Entonces llamaron a la puerta del tercero, quien les abrió con una sonrisa de superioridad y los invitó a pasar. No hizo intención de restregar su triunfo por la cara a sus amigos, pues para eso están los amigos, pero en esos momentos se sintió el mejor. Y oyeron el viento soplar y soplar y vieron la nieve caer y rodar y convinieron en llamar a esa caravana hogar.

Y llegó el verano otra vez y los cochinos empezaron a sudar. Habían ganado al lobo en forma de frío pero el olor se convirtió en chacal. Las pullas entre unos y otros empezaron a volar y uno de ellos, no se sabe cual, mencionó la palabra duchar. Y ahí acabó la amistad. Lo que no había matado el frío, lo acabo matando la suciedad. Y los cochinos se separaron y fueron muriendo en soledad. Pues habrían perdido amigos, pero el agua no les robaría la dignidad.

Moraleja:
Duchaos, por el amor de Dios. O compraos una caravana y dejad de usar el transporte público.

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2 Respuestas a “El de los tres cochinos

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