Los españoles olímpicos están preparados

Sé que pocos o ninguno habréis pensado sobre esto, pero el papel de España en los Juegos Olímpicos de Londres está resultando ser de los más útiles de la competición. ¿Por qué? Me explico.

Como podéis ver en el cuadro más arriba, España ocupa, a día de hoy y hora de ahora, el puesto 28 del medallero olímpico, por encima de países con tanta tradición deportiva como México, Azerbayán, Uzbekistán y la no menos imponente República de Moldavia. Sin embargo, y manteniendo las distancias con esta élite atlética, estamos entre los 10 países con más medallas de plata. Lejos de alabar o enaltecer a estos segundones profesionales -es broma. Estamos muy orgullosos de todos. Sobre todo de los futbolistas-, lo que pretendo es haceros ver algo de lo que, como ya he dicho, estoy seguro no os habréis dado cuenta.

Soy el típico que, cuando va por la calle, se fija en todo. Ese que se da cuenta siempre de que en un cartel de helados de un chino pone Nesqué en vez de Nestlé o que a un banco le falta una pata o un par de millones. Me he fijado últimamente en que todo el mundo tiene perro. Es alucinante, de verdad. Es imposible salir a dar un paseo sin encontrar a un chulito de gimnasio con un pastor alemán, a una vieja anciana con un caniche blanco o un grupo de divorciadas fashion con un chihuahua al que llaman Missy -ya sea macho o hembra. Eso no importa- metido en un bolso de Tuchi. ¿Qué tiene que ver esto con el medallero? Esperad, ya llego.

Con tanta cantidad de perros, es cuestión de tiempo que se expanda una epidemia de rabia entre ellos. Todo el mundo sabe que el virus de la rabia es contagioso y que puede llegar a afectar a humanos. Un día, y puede que ese día no tarde en llegar, el virus mutará y se hará peligroso. Las vacunas que nos pincharon en las nalgas -para las rubias, el culete– no valdrán para nada. Las opciones de mutación son que el virus se convierta en una tortuga ninja -poco probable- o que todos los perros que pueblan nuestras ciudades acaben siendo portadores de la licantropía. Entonces un perro morderá a un humano, y ese humano a otro, y ese a otro, y puede que este último sea vegetariano y no muerda a nadie. Pero, hasta que aparezca el vegetariano, los demás humanos mordidos por perros enfermos de rabia 2.0 se convertirán en hombres lobo. ¿Y qué acaba con los hombres lobo? Sí, amigos. La plata. Así que, deportistas olímpicos españoles, seguid así. Ya estamos entre los 10 países más protegidos contra una plaga de hombres lobo. Por desgracia, en esto también nos gana Alemania. Aunque seguro que Merkel es más de usarlos de mascota que de matarlos.

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