Jubilación de riesgo: como la prima, pero más divertida

Siempre he temido a la jubilación; pero no temor de un miedo ligero, así como cuando no sabes si tu amigo cabrón está escondido detrás de las cortinas para darte un susto; no, lo mío roza el terror. Es cierto que los sucesivos políticos de turno se han encargado a lo largo de los años de ir espantando este miedo porque, quién sabe si los jovenzuelos españoles de ahora no seguiremos con 90 años de camareros en Francia, fregando platos en Alemania o de Au Pair para unos ingleses ricachones…

Pero dejando a un lado esta pequeña duda, me gustaría insistir en lo de mi terror frente a la jubilación, porque se trata de algo serio. Cuando oigo hablar de alguien que se ha pre-jubilado me dan verdaderos escalofríos. ¿De verdad hay quien DE MANERA VOLUNTARIA elige vivir en un domingo continuo el resto de sus días? No me entra en la cabeza, no. Alimentar a las palomas, mirar en las obras, cuidar de los nietos, pasar horas sentada en un banco… No tengo nada en contra de estas actividades, en absoluto, lo que me aterra es el hecho de que alguien tenga que recurrir a ellas como método de máxima diversión.

Bien, pues hoy ha surgido un rayo de esperanza en mi vida de joven agonías. Existe vida más allá de la valla amarilla de obras. Existe, y me he tomado la libertad de denominarlo JUBILACIÓN DE RIESGO. De riesgo, como las inversiones, los deportes y las hipotecas. No se sabe quién es el pionero o la pionera en la práctica de la jubilación de riesgo. Me imagino que siempre habrá habido alguien lo suficientemente colgado como para llevarla a cabo, pero hoy he descubierto una noticia que me ha dejado ojiplática perdía y, por qué no decirlo, por los suelos de la risa. La noticia es bastante antigua, y esta publicación en concreto tiene ya sus dos meses, pero no importa, la ocasión merece que la rescatemos, y aquí os la traigo.

Se trata de un señor que, vete tú a saber por qué, un día decidió poner fin al tedio de su jubilación. Nadie ha sabido nunca cuándo sucedió esto, ni qué extrañas circunstancias le llevaron a tomar tal decisión, pero fue a partir de 1995 cuando la fama llamó a su puerta gracias a una foto publicada por Le Monde. Este señor, muy digno, se había enfundado en un traje la mar de elegante y, echándole más jeta que un español en un buffet libre, se coló en un acto oficial al que asistían presidentes, reyes, príncipes y demás mandamases. La jugada, por lo visto, ya era algo habitual para el señor, que había desarrollado a saber qué estrategias para burlar los controles de seguridad de los eventos.

Aquí tenéis al señor en cuestión.

Lo divertido de todo esto llega en el momento en el que el señor, con toda su elegancia y buen posar, se planta entre presidente y presidente en la foto oficial cual capo de la mafia petrolífera y posa como si llevase haciéndolo toda la vida. Por lo visto, el hombre decía provenir de una extraña república caucásica que nadie conocía, pero cuyo nombre a todo el mundo le sonaba. En realidad no había sido más que un vendedor de lotería francesa, hecho que hace que mi admiración hacia él aumente exponencialmente, pero queda claro que el señor no dejaba que su trabajo le tirase abajo sus aires de grandeza. Y digo yo que los demás a qué estaban… al verlas venir, como diría mi madre, que qué menos que un “Pues oiga, para venir del Cáucaso tiene usted un acento francés la mar de refinado”. Pero nada, el hombre pasaba desapercibido y se integraba en la masa aristocrática hasta el punto en que nuestra célebre e ilustre infanta Elena le invitó a la embajada española a celebrar el triunfo de Indurain en el Tour. (Ya veis, como si no tuviéramos mejores cosas que celebrar que nuestro deporte… oh, wait!)

Y dicho todo esto, me vienen a la cabeza dos reflexiones. La primera de ellas, la más seria y preocupante… ¿A cuántos miles de personas estamos alimentando “de gratis” mediante estos eventos para que pase desapercibido hasta un señor que posa en primera plana sin ningún pudor? Prefiero no seguir reflexionando sobre el tema porque después me cabreo y aquí hemos venido a reírnos un rato. O no, pero a pasarlo mal al menos no, que para eso tengo las noticias de verdad.

La segunda de mis reflexiones es sobre la jubilación. No se me ha olvidado, y tampoco era una excusa para introducir el tema del señor misterioso; bueno, esto último sí, pero no os he mentido… En realidad la jubilación me sigue causando pavor, pero gracias a este noble impostor me he dado cuenta de que aún queda un resquicio de esperanza para todas aquellas personas que, como yo, siguen teniendo pesadillas y soñando con un eterno domingo. La alternativa de la jubilación de alto riesgo es factible. Y está ahí, esperándonos.

Con imaginación y mucha caradura se pueden lograr grandes hitos y, desde aquí, deseo con todas mis fuerzas que este señor se convierta en un antes y un después en la historia de los jubilados del mundo. La jubilación de riesgo es una alternativa tan noble como la de contemplar obras o vigilar parques, pero mucho más interesante. La jubilación de riesgo es la solución a todos los problemas de la gente jubilada. La jubilación de riesgo nos está esperando a todos y no requiere de grandes patrimonios ni habilidades físicas. La jubilación de riesgo es, por qué no decirlo, la mejor forma de despedirse de esta vida de trabajo (de no-trabajo si eres de España) y sufrimientos… Y me gustaría hacer un llamamiento sin precedentes a todos los señores y señoras de sesenta años que están a punto de traspasar la temida frontera: no temáis, señores y señoras de sesenta años… no temáis y jubilaos con riesgo, alegradnos un poco la vida a los mindundis, que la juventud está sobrevalorada y alegría es lo que de verdad hace falta en este mundo.

No, si al final me he puesto sensiblona.

SRiesco

Fuente: yorokobu.es

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Una respuesta a “Jubilación de riesgo: como la prima, pero más divertida

  1. Jajaja vaya crack de hombre! todo un ejemplo a seguir.
    De todos modos, lo de contemplar obras y vigilar parques es una de las alternativas, pero yo cuando me jubile pienso seguir el ejemplo de mi familia y pasar más tiempo fuera de España viendo mundo que sentada en un banco viendo parques.
    Es un chollo ser un jubileta, no sabes la de ofertones que encuentran.

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